Un Dólar Fuerte… ¿Sólo un Deseo de George Bush?
La divergencia que existe entre las políticas monetarias llevadas adelante por la Reserva Federal de los EE.UU. y por el Banco Central Europeo (BCE), ha generado efectos colaterales con impactos directos no solamente en las economías involucradas, sino también en el resto del mundo.
La evolución que ha tenido la relación cambiaria entre el dólar y el euro, ha impactado negativamente en la competitividad de las economías europeas. Para colmo de males, la crisis subprime que ha generado una huida de los capitales desde las inversiones en el mercado de hipotecas hacia inversiones de refugio (fly to qulity), han impactado en los precios de los commodities energéticos y de alimentos.
Dado el compromiso que tiene el BCE con el control de la inflación, esta huida de los capitales hacia las inversiones en commodities y el incremento en la demanda de los mismos, que han presionado al alza en los precios, obliga a la autoridad monetaria de la zona del euro a mantener constante su tasa de referencia, ante la desaceleración de las economías de la zona, e incluso evaluar posibles alzas en la misma.
El incremento en el diferencial de tasas entre los Estados Unidos y la zona del euro no hace más que presionar al tipo de cambio en perjuicio de las economías de la eurozona y ello está generando consecuencias negativas para la competitividad de las economías.
España es quizás de las economías de la eurozona que más ha sido golpeada con lo que está ocurriendo con la apreciación del euro y la suba de los precios de la energía. Vale recordar que el déficit de cuenta corriente alcanzado en el primer trimestre de este año en España, marcó todo un récord: el mismo fue nada más ni nada menos que del 12,1% del PBI y se explica por el fuerte deterioro de la balanza comercial producto de los dos factores antes mencionados.
Para Estados Unidos, la debilidad del dólar le está generando mayores presiones inflacionarias y es por eso que tampoco ven con buenos ojos desde el país del norte que el dólar se debilite en exceso, ello a pesar de los beneficios de competitividad que ha generado.
Es por este motivo que George Bush, antes de emprender su viaje a Europa, decía las siguientes palabras reflejadas en una nota del periódico argentino, La Nación: “Un dólar fuerte está en el interés de Estados Unidos” y “en el interés de la economía mundial”.
El presidente estadounidense, confía en los fundamentals y en la capacidad de la economía estadounidense en los cuales apoyar un refortalecimiento del dólar: “Nuestra economía es grande, abierta y flexible. Nuestros mercados de capitales son de los más profundos y más líquidos. Y los fundamentos fuertes y de largo plazo de nuestra economía brillarán y se reflejarán en los valores de las monedas”.
Si bien, para Bush, la economía estadounidense tiene fortalezas para apuntalar al dólar en el mediano plazo, en el corto plazo le envía un mensaje entre líneas al Banco Central Europeo para que haga su parte en el tema: “Tenemos que mantener flexible nuestra economía. Tanto la economía estadounidense como la europea necesitan ser flexibles para lidiar con los desafíos de hoy”. De todos modos, más allá de lo que insinúe Bush, con seguridad, el BCE hará oídos sordos al respecto.
Más allá de que las economías de los principales países del mundo no pueden ocultar su interés en un dólar fuerte, las perspectivas no son las mejores para lograrlo, no solamente en el corto plazo, sino incluso en un mediano plazo. De hecho, varios de los países que tienen su vinculación a la moneda norteamericana ya no confían tanto en su poder como moneda de referencia mundial y están evaluando su abandono (Kuwait ya lo ha hecho y otros países de la zona del golfo están analizando seriamente esta posibilidad). Además, la mayoría de los países están cambiando la composición de sus reservas internacionales tendiendo a un mayor balance (obviamente reduciendo la participación de la divisa norteamericana en la composición de dichas reservas).
Para las economías latinoamericanas, un dólar fuerte puede evitarles más de un dolor de cabeza. Las economías de la región vienen luchando sin descanso contra la apreciación de sus monedas y las tasas de inflación (con un alto componente de origen externo). El debilitamiento de la divisa norteamericana explica en buena medida estos males que están atacando a la región, por lo que una reversión de la tendencia en el comportamiento del dólar sería de gran beneficio para Latinoamérica.
Para Latinoamérica sería muy bueno que el dólar comience a apreciarse, pero en el corto plazo con las presiones inflacionarias latentes en Europa y con signos de debilidad en la economía estadounidense, esta posibilidad parece de muy difícil concreción.
Nos encontraremos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo
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ACERCA DEL AUTOR
Horacio Daniel Pozzo es Licenciado y Magister en Economía de la Universidad Nacional de La Plata. Trabajó como investigador para el Centro para la Estabilidad Financiera y en proyectos de investigación para el Banco Mundial, el BID,entre otros organismos internacionales, especializándose en temas de Gobierno Corporativo y Capital de Riesgo. Fue economista de la Fundación Capital de Argentina especializándose en temas de inflación, política monetaria y sistema financiero. Dicta clases de Macroeconomía II en la Universidad Católica de La Plata. Es autor de varios artículos sobre política monetaria y sistema financiero. Escribe el Latinforme Diario.
