Trading y Telemarketing

By Paola Pecora

Hay un viejo chiste que dice que el modo de amasar una pequeña fortuna en commodities es comenzar con una grande.

Muchos grandes traders de la historia se han fundido y creado fortunas más de una vez. Y justamente fundido por no aprender a controlar las ruines emociones. Pero fueron grandes, porque supieron -en su rol de traders- descubrirlas, reconocerlas y fundamentalmente anularlas. Quien decide sobre nuestras ganancias o pérdidas no es el mercado sino nosotros, nuestro approach al mismo. Cuantas veces escuchamos rigideces mentales bursátiles semejantes a: “el mercado está equivocado”, “esta acción no tendría que haber bajado sino subido”, “el mercado me aniquiló hoy”. Es como arriesgarnos a cruzar una barrera baja y esperar al tren que nos arrolle si no tenemos la capacidad mental suficiente para no paniquear y cruzar las vías sin paralizarnos al darnos cuenta del error. Enfrentar la debida acción: la equivocación dando lugar a su reparación inmediata (cerrar las posiciones de pérdida) contando con la aptitud mental necesaria para soportar el fracaso y la pérdida. La diferencia entre un buen y un mal trader será que el primero tomará esa acción como rutinaria, una más, un beneficio y al mismo tiempo una pérdida, pero acotada dentro de ese universo de 30-40 % de fracasos a los que toda operatoria en mercados obliga para un trader capacitado en manejo de herramientas secundarias (fundamentals, technicals, astrológicas, o lo que la imaginación dé) y el segundo no verá más que la frustración en esa operación puntual como la prolongación de su fracaso personal que lo ahogará en un océano dentro de un remolino de baja estima y pérdida de control personal.

Hay que estar muy atentos a otro aspecto: existen individuos que se sienten más cómodos dentro del fracaso porque es algo que pueden controlar, frente a un éxito que idealmente puede ser ilimitado. Es como el efecto de comprar o vender en descubierto una acción: mi ganancia puede ser ilimitada si sube, y mi pérdida limitada (menos de cero no puede bajar) si baja. El fracaso es manejable, controlable, alguien se puede boycotear para que el fracaso se instale en su vida. Basta tomar una sola decisión o proceder para cerrar una puerta. El éxito depende de muchos otros factores, no sólo de mi capacidad en buscarlo.  Y es ese boicot al éxito el que muchos individuos buscan para sentirse en control de sus vidas. Por eso, más que un curso de inversión y métodos de trading, recomiendo muchas veces una visita al terapeuta. Al igual que los gordos: éstos no necesitan de nutricionistas, sino de psicólogos para perder masa corporal.

Según narra Robert Koppel en “The Outer Game of Trading”, el ex presidente del Chicago Mercantile Exchange y fundador de los futuros financieros, Leo Melamed, se fundió tres veces, el trader de derivados y ex-Director del Chicago Board Options Exchange Tony Saliba (“Me dijeron al comienzo de mi carrera que mi primer pérdida sería mi mejor pérdida, y no lo entendí”), contempló suicidarse, Pat Arbor, ex director de CBOT se alejó por un año de éste… Y el “Plunge Boy”, el indiscutido gran shorteador de la historia, Jesse Livermore, perdió todo más de una vez y rehizo fortunas. Un hito en la historia de los mercados, el gran maestro de traders de todos los tiempos, aún para aquellos que nunca sintieron nombrarlo ni conocer su técnica y operatoria pero aplican la psicología que él bien supo reconocer y marcar.

El modo de reaccionar ante la adversidad, ante hechos inesperados, ante la presión, ante el éxito; la determinación de carácter, la disciplina, las grietas o fortalezas emocionales, la relación personal con el dinero, el manejo del riesgo, los alcances del ego, determinarán en gran medida nuestro éxito o fracaso en la operatoria de mercados.

No hay nada más devastador para un trader, especulador, que perder dinero operando. Pero hay algo que es aún peor: ganar frecuentemente. Esto último es mucho más riesgoso que encontrarse en pleno bear market tecnológico de 2000; oliendo tulipanes en 1937 ó gritando desde las ventanas de los ‘bucket shops’ en 1929 “¡vendan, vendan!”.

El escritor y filósofo suizo del siglo XIX, Henri-Frédéric Amiel pensaba acertadamente que el destino tiene dos maneras de herirnos: negándose a nuestros deseos y cumpliéndolos. ¡Qué buena aseveración! Este buen hombre… ¿no habrá sido trader?

El catalizador de la destrucción de un trader, es muy recurrentemente el ego, según el trading coach Ray Kelly. Nos hace sentir omnipotentes, expertos, nos permite bajar la guardia y evaluar menos la viabilidad de las operaciones, evaluar menos el riesgo, la lógica, embriagarse con las mieles del ego es la peor experiencia que como trader se puede experimentar.

La mejor forma de acceder al éxito, al menos del lado psicológico en los mercados financieros es… perdiendo. La primer experiencia que se necesita para invertir es la de la pérdida, del fracaso, de la adversidad. Contar con una buena dosis de humildad, ya que los mercados sino nos humillarán. Muy frecuentemente.

Sobreviven los que se adaptan a la tendencia, no los que pretenden que la tendencia se adapte a ellos.

Pero lo vital, es ser psicológicamente “apto”, esa aptitud que exige todo mercado para operarlo exitosamente, es decir lograr desprenderse de las dos únicas cosas que llevan a la gloria o al fracaso al trader: la ambición y el miedo. Despojarse de esos viles sentimientos, estar “one step away”: sacarse la camiseta humana y ponerse la mecánica, la de la lógica, frente a la pantalla. Sin transpirar frente a un error, ni excitarse y endiosarse frente a un acierto. Es difícil. Pero lo único que nos mantiene y protege como traders. El resto es totalmente accesorio, el mercado siendo 80% psicología (propia) y 20% habilidad, técnica y conocimiento.

Un par de malos trades… y terminamos como telemarketers (vendiendo telefónicamente ‘exitosos’ métodos de trading, claro está).

Hasta la próxima.

Paola Pecora

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ACERCA DEL AUTOR

Paola PecoraPaola Pecora es la Editora en Jefe de Latinforme.com. Ha trabajado en el sector financiero durante 17 años, como asesora, trader y analista técnica y fundamental de mercados financieros internacionales. Trilingüe, de visión contrarian e independiente (demasiado a veces) la convierten en referente indispensable a la hora de evaluar y escoger oportunidades de negocios internacionalmente. Es actualmente asesora en mercados financieros de la consultora internacional Gerson Lehrman Group y ha sido editora de MoneyWeek Edición Sudamericana. Su columna sale los viernes en Latinforme Diario.

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2 comentarios »

  1. En primer lugar, sin considerarme un experto en stock markets - o como se diga - la nota me lleva a la reflexión… Les cuento una anécdota: hace algunos años, no muchos, decidí convencer a mi madre cambiar mil pesos argentinos (era la época de la paridad 1:1) por una inversión hecha por medio de un banco que ya no opera más en Argentina por títulos de deuda. La operación era bastante sencilla: comprar títulos por mil pesos con la opción de ir midiendo sus variaciones a un año para luego vender y obtener el supuesto retorno.
    Este hecho puntual me lleva a mi en particular a las siguientes reflexiones:
    1. Nunca compres títulos de deuda si puedes tener otra opción de inversión: o bien por no ser tan rentables (debido, supongo yo, a lo conservador de la operación) y más si el país historicamente y en el momento de la transacción no ha demostrado un principio que yo considero esencial… “sustentabilidad”. En definitiva por qué invertir con una tasa de entre el 4-6% si con acciones tal vez me vaya mejor.
    2. La inversión tal vez no pase ni por lo conservador ni por lo agresivo: ¿por qué no optar por un perfil de crecimiento?
    En fin, les cuento como terminó la historia: los bonos empezaron a perder precio y antes de que la variación siguiese… mi hermano convenció a mi madre de venderlos y recuperar algo a no recuperar nada… En mi opinión, “TREMENDO ERROR”: muchos de Uds. habrán oído acerca de estos dos términos… “profecía autocumplida”, ¿cuántas veces las emociones nos juegan a favor y cuántas tal vez no? Lo cuál me lleva a pensar: ¿qué perfil tengo yo a la hora de invertir, perfil que es exacttamente el mismo a la hora de hablar con mi madre, mi hermano, mis amigos y hasta con un total desconocido. En resumidas cuentas, me parece que a la hora de operar más de uno nos deberíamos haber hecho una buenas baterías de psicotests para encara nuestros proyectos de inversión.
    Un saludo cordial a todos. Gracias.

  2. Muy interesante tu comentario, Mario. Considero el aspecto psicológico muy importante a la hora de invertir y el ser consistente con los planes trazados con anterioridad, es decir estrategias y tiempos de inversión. Y modificarlos siempre que la realidad de inversión se modifique, no nuestras expectativas. Los mercados nunca se equivocan porque esa no es una característica que les competa, sino que somos nosotros quienes podemos muchas veces arruinar una buena inversión. Por no estar bien asesorados, o por ser prisioneros de nuestros miedos, ansiedades o ambiciones. Gracias.

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