Finaliza una semana donde la cuestión inflacionaria sigue dando la nota y en donde Joseph Stiglitz reaviva el debate: ¿Qué deben hacer las economías latinoamericanas frente al incremento de los precios internacionales de la energía y los alimentos?
La economía mundial está cambiando y genera nuevos problemas, como es el incremento en el precio mundial de los commodities que deriva en un nuevo foco inflacionario (que si bien antes existió, esta vez parece tener mayor persistencia). En mi caso, ya no me va a resultar tan simple enseñarles a mis alumnos cuáles son los factores que generan inflación. Y más difícil será preguntarles acerca de las causas que generan una mayor inflación (cualquier respuesta puede resultar aceptable)… Ahora bien, Stiglitz plantea un interrogante: ¿Importa dónde se origina la inflación? Pareciera ser que sí…
Todavía los países no pueden encontrar la forma de tratar con la inflación importada. La mayoría de los países latinoamericanos, que cuentan con una política monetaria de metas de inflación, la respuesta al alza de precios es incrementar la tasa de interés de referencia, sin analizar en profundidad el origen del incremento en los precios.
Como les comentaba en el artículo de ayer, para Joseph Stiglitz, el origen de la inflación importa y mucho. Stiglitz acusa a los banqueros centrales de amarrarse a las modas de turno… Y muy equivocado no está. Evidencia de ello es lo que está ocurriendo actualmente con el manejo de la política monetaria en varios países latinoamericanos.
Stiglitz no es muy partidario de las políticas de metas de inflación. En realidad, en el artículo escrito para el diario argentino, “Clarín”, lo dice todo: “Esperamos que la mayoría de los países tengan el buen criterio de no implementar la meta inflacionaria. Mis condolencias a los pobres ciudadanos de los países que la padecen”.
Ya les había mencionado mi oposición a la decisión de incrementar las tasas de interés como respuesta al incremento en la tasa de inflación producida por el aumento de los precios internacionales de la energía y los alimentos… ¿Cuál es el sentido de enfriar la economía doméstica si la inflación no proviene de su ritmo de crecimiento?
Entonces, si no se puede confiar en este contexto en las políticas monetarias de metas de inflación, ¿Cuál es la alternativa para la región?
Ciertamente, ya quedó demostrada cuál no es la alternativa en materia de política antiinflacionaria… Venezuela y Argentina han demostrado la ineficacia de las políticas de control de precios. A la inflación no se la puede atacar culpando a la oferta.
Como les comenté en el artículo del pasado jueves, “La Inflación en Venezuela… No Sólo la Amistad une a Chávez con Cristina”, el incremento en el precio de los alimentos, ha llegado al 41,5% en Venezuela (y como les había comentado, muchos analistas piensan que el incremento en los precios de los alimentos es aún mayor del declarado). Pero lo peor de ello no es el nivel de aumento, sino la dificultad que existe para conseguirlos.
En el caso de Argentina, la situación es similar pero no tan grave… Bueno, en realidad es grave si se tiene en cuenta lo que es Argentina, un país granero por excelencia y productor de alimentos. Por eso es difícil aceptar lo que está ocurriendo con el incremento en los precios de los alimentos y los episodios de desabastecimiento.
Para los venezolanos, la tasa de inflación en Venezuela ya se encuentra por encima del 30% anual, mientras que en Argentina, las expectativas de los consumidores para los próximos 12 meses es que los precios se incrementen en un 36% según una encuesta publicada por la Universidad Torcuato DiTella (una de las más prestigiosas del país). Las consultoras privadas en Argentina, estiman que la inflación real se ubica por encima del 25% y se va acercando al 30%. ¿Queda alguna duda de la ineficacia de estas políticas antiinflacionarias?
Entonces, ¿Cuál es la alternativa para tratar con la inflación importada? Quizás un camino válido es aceptar el fenómeno mundial que está ocurriendo y tratar de convivir con una inflación un poco más elevada durante un tiempo, mientras se fomentan políticas de incentivo a la oferta. En este aspecto, creo que se puede nombrar a Brasil como un ejemplo en este aspecto ya que en materia energética ha venido fomentando la exploración en el área petrolera y el desarrollo de la industria de biocombustibles. Y en materia de alimentos, luego de lo que está ocurriendo con Argentina, Lula ha decidido impulsar el crecimiento del agro no sólo para el abastecimiento interno, sino también para transformar a Brasil en el granero del mundo.
Parece ser que el fenómeno del incremento en el precio de los alimentos y la energía deben ser tratados de una manera diferente a la que se enfrenta el problema inflacionario de manera general. También parece quedar en claro que la solución no radica en castigar a la oferta sino buscar los medios para que la misma se amplíe. No es impensado acordar con estos sectores un mínimo de abastecimiento interno. De este modo, los países podrán aprovechar el fuerte crecimiento de los precios internacionales al tiempo que mantienen abastecido al mercado interno con precios razonables en función de la situación actual.
Nos encontraremos nuevamente el próximo lunes,
Horacio Pozzo
May 17th, 2008 |
Horacio Pozzo |
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