En el año 1994, John C. Harsanyi, John F. Nash y Reinhard Selten, obtuvieron el premio Nobel de Economía, por sus pioneros análisis del equilibrio en la teoría de los juegos no cooperativos.
El equilibrio de Nash es uno de los resultados a los que se puede llegar en los modelos de juegos no cooperativos, en el cual, la acción individual de los diferentes participantes, genera un resultado que es inferior al que alcanzarían si entre ellos decidieran cooperar acordando un comportamiento determinado.
Estos modelos demostraron tener gran aplicabilidad en la realidad. Y en estos tiempos de crisis, hemos presenciado varios ejemplos de acciones que replicaban sus resultados. Una de ellas ha sido la observada durante el pasado fin de semana y que tuvo como protagonistas a los Bancos Centrales latinoamericanos.
En un encuentro en el que estuvieron presentes los banqueros centrales de Argentina, Brasil, Colombia, Chile, México y Perú, se acordó entre otras medidas, evitar una guerra devaluatoria entre ellos, al coincidir en que se deben evitar bruscas oscilaciones en los tipos de cambios de estos países como se ha observado en el último tiempo, producto de las turbulencias internacionales. Sin dudas un acuerdo de gran relevancia y poco imaginable en otros tiempos.
Además, en el encuentro que tuvo como anfitrión al presidente del Banco Central de Chile, José De Gregorio, los banqueros latinoamericanos acordaron según surge del comunicado emitido luego de la reunión: “establecer mecanismos de intercambio de información y de cooperación técnica, para facilitar la determinación de los cursos de acción por seguir”.
En dicho comunicado, se destaca la confianza en que la región: “está en mejores condiciones para enfrentar las turbulencias financieras, gracias a sus sólidos fundamentos económicos” y que “se cuenta con instrumentos para preservar la integridad y el buen funcionamiento de los mercados monetarios y financieros”.
Claro que lo pactado no representa una coordinación de políticas monetarias y ello lo dejó en claro el titular del Banco Central de la República Argentina (BCRA), Martín Redrado: “Hablar de coordinación todavía es una palabra que no califica bien esta reunión. Me parece que hay un espíritu de colaboración, de compromiso con la estabilidad monetaria y financiera”.
Este acuerdo implícito alcanzado entre los Bancos Centrales de la región, tiene implicancias de gran valor no solamente para la macroeconomía regional, sino también para los inversores.
En primer lugar, la decisión de evitar movimientos bruscos en los tipos de cambios, más allá de contribuir a que no se produzcan efectos nocivos en la competitividad entre las economías de la región y a que no se generen nuevas presiones inflacionarias en aquellos países en donde el tipo de cambio se deprecie fuertemente, es positivo para los inversores quienes ven de este modo reducido el riesgo de que la rentabilidad medida en dólares, de sus activos en dichos países, no se vea en peligro por los movimientos de los valores de las monedas.
Este acuerdo puede además sentar un buen precedente en la región ya que los banqueros centrales han dejado en claro que los movimientos bruscos en los tipos de cambios son algo negativo para las economías. Con ello, los inversores extranjeros podrán tener una mayor confianza en que las economías latinoamericanas buscarán preservar la estabilidad de las relaciones cambiarias en el largo plazo (lo cual no quiere decir que no se permita una devaluación, pero la misma no debería ser brusca).
Otro aporte importante derivado del acuerdo es que ello contribuye a la estabilidad de los sistemas financieros latinoamericanos, más allá de que cada entidad está en condiciones de lograrlo individualmente. Así también lo entendía el presidente del Banco Central de Reserva de Perú, Julio Velarde: “La principal conclusión es que la mayor parte de los países de la región está en condiciones de actuar con los instrumentos correspondientes para asegurarse de que el sistema financiero se mantenga estable”.
Estos vínculos de cooperación tienen otras implicancias que van más allá de los acuerdos en sí alcanzados y que son una nueva señal de la madurez que ha logrado la región en los últimos años. El buscar priorizar la estabilidad conjunta de la región es un bien que beneficia a todos los países en conjunto y es un aporte más para la consolidación del crecimiento de largo plazo.
Y lógicamente, esto representa un nuevo atractivo para la inversión extranjera, pero tiene un agregado adicional: luego de superadas las turbulencias, se pueden reforzar los flujos de inversión extranjera directa de largo plazo en función de la respuesta brindada por la región ante la crisis.
Otra de las señales que uno puede percibir de esta voluntad de cooperación es que la integración de los mercados financieros latinoamericanos es posible. Si bien hasta el momento no se han concretado grandes pasos en la integración de los mercados latinoamericanos, una de las sospechas existentes sobre la viabilidad de dicha iniciativa radicaba en la respuesta de la región ante situaciones de crisis. Esta situación de crisis externa grave, muestra que la región puede colaborar para fortalecer sus sistemas financieros evitando transformarse en elementos desestabilizadores para su propia economía y para el resto de los países de la región.
Un nuevo signo de madurez se ha visto en Latinoamérica y ello no hace otra cosa que generar expectativas. Esperemos que los Bancos Centrales cumplan con su compromiso, aunque no tengo dudas de que así lo harán.
Nos encontraremos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo
October 21st, 2008 | Horacio Pozzo | 0 comments | Continued
