¿Efecto dominó?: No solamente Ecuador cuestiona préstamos de Brasil
Lo que en una primera instancia aparecía como un hecho aislado en lo que era la decisión de Ecuador de no pagar el crédito contraído con el BNDES, por considerarlo irregular y de este modo, solicitar a un tribunal internacional la anulación de una deuda por US$ 286,8 millones, parece que puede ser la punta de un iceberg.
El crédito solicitado al BNDES tuvo como motivación el financiar la construcción de la hidroeléctrica de San Francisco, una obra construida por la empresa brasileña Odebrecht, que fue inaugurada a mediados de 2007 pero que dejó de funcionar en junio del presente año debido a fallos estructurales serios. A consecuencia de ello, Ecuador responsabilizó a la firma brasileña, la cual fue echada del país por su presidente Rafael Correa.
Pero el problema con las financiaciones realizadas por Brasil, no terminan allí. Es que luego de que Ecuador cuestionara dicha deuda, se sumó a los reclamos de Correa, su amigo Hugo Chávez que anunció el pasado viernes la creación de una auditoría para su deuda externa.
Y a Ecuador y Venezuela, se sumaron también Paraguay y Bolivia, quienes iniciaron auditorías internas al respecto. El primero también creó otra auditoría, con foco en la deuda asumida en conjunto con Brasil para construir la hidroeléctrica de Itaipú, la cual no es del todo clara y genera tantas dudas como en el caso de Ecuador.
En el caso de que la deuda ecuatoriana sea anulada por el tribunal internacional, la misma tendrá que ser asumida por el Tesoro brasileño, que fue garante de la operación. Algo similar puede ocurrir con el resto de los países.
La generalización del conflicto, además de producir un conflicto diplomático entre Brasil y este conjunto de países, implicaría un perjuicio económico para Brasil por US$ 5.000 millones. Pero también implicará un perjuicio económico para todos los países involucrados al reducir el comercio entre éstos y la economía brasileña.
En este sentido, en relación al conflicto con Ecuador el canciller brasileño Celso Amorim decía en caso de que Ecuador no haga efectiva sus obligaciones: “Va a acabar el comercio entre Brasil y Ecuador”. Esta amenaza tiene implicancias negativas no solamente para Ecuador, sino también para Brasil y potencialmente para el resto de los países que pueden ingresar en un conflicto similar con el país que gobierna Lula Da Silva.
Como dato de la relación comercial existente entre Ecuador y Brasil en 2007, el intercambio comercial entre ambos totalizó US$ 767,5 millones, de los cuales US$ 36,6 millones correspondieron a exportaciones ecuatorianas y US$ 730,9 millones restantes correspondieron a importaciones desde el Brasil.
Las relaciones comerciales entre Brasil y Venezuela, acumulaban a setiembre US$ 5.500 millones y las estimaciones ubicaban en US$ 7.000 al volumen total del presente año. El posible deterioro de las relaciones comerciales entre ambos países podría generar en Brasil un impacto significativo en la Zona Franca de Manaos, en el norte de Brasil desde donde se producen y exportan a Venezuela materiales electrónicos, electrodomésticos, cauchos y últimamente además, alimentos y ganado bovino. Del lado de Venezuela, las exportaciones hacia Brasil son principalmente derivados del petróleo al tiempo que, de la represa del Guri, Venezuela suministra energía a las poblaciones fronterizas del norte de Brasil.
En lo referente a la relación comercial entre Brasil y Paraguay la balanza comercial es netamente favorable al primero en más de US$ 1.100 millones anuales. Por otra parte, la importancia del apoyo de la economía brasileña para Paraguay no es menor. Paraguay se convirtió en el quinto exportador más grande de soja del mundo con el apoyo de la tecnología brasileña.
Para Bolivia, además de representar un importante socio comercial, Brasil es el actual mayor inversionista extranjero en el país, por lo que un deterioro en las relaciones entre ambos implicaría un daño no menor para la economía boliviana.
Pero no solamente este conflicto dañaría las relaciones comerciales entre dichos países, sino que además, también alteraría las inversiones extranjeras directas, aunque en una menor magnitud.
El conflicto entre Ecuador y Brasil ha derivado en una serie de consecuencias con un potencial impacto negativo de significación para todos los países involucrados (incluido Brasil), pero el daño en las economías más pequeñas puede llevarlas al punto de comprometer su salud macroeconómica. ¿Estarán estos países dispuestos a negociar una solución alternativa que evite que todos pierdan en el conflicto?











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