¿Ahuyenta Latinoamérica a los Inversores?
Con un período de excepcional crecimiento económico en la región, no visto desde hace décadas, con mejoras significativas en la calidad institucional de varios de los países y muy buenas perspectivas de desarrollo a futuro… ¿Es el momento de invertir en Latinoamérica?
Ésa es una pregunta que encontraría respuesta con sólo mirar dichos datos macroeconómicos y analizar a grandes rasgos las tendencias de la economía mundial que están generando un contexto más que beneficioso para los países de la región. Pero esta pregunta pierde la unicidad en su respuesta luego de leer un artículo de Guido Nejamkis, de Reuters y publicado en el site “América Economía”, que plantea que Latinoamérica a raíz de las continuas peleas diplomáticas entre países, ahuyenta a las inversiones. ¿Invertiría en un país en donde es difícil predecir lo que hará el gobernante de turno en las próximas 24 horas?
Según Guido Nejamkis, los conflictos diplomáticos entre los países de la región, abundaron en el último tiempo: “De los 12 países que conforman Sudamérica, ocho han mantenido roces con sus vecinos en lo que va del año”.
Es que la región claramente está dividida en dos grupos de países: por un lado encontramos a Bolivia, Ecuador y Venezuela con un perfil antiimperialista, en donde se promueve un mayor rol protagónico por parte del Estado nacional. Por otra parte, uno encuentra al otro grupo de países con una mayor tendencia a un mayor rol de los mercados, en donde el Estado nacional tenga menor injerencia. En este grupo encontramos a países como Chile, Perú, Colombia y Brasil. Y como los países con perfil antiimperialista ven al otro grupo de países como contrarios, es que permanentemente los atacan en sus discursos. Y los preferidos para ser blanco de las críticas, son Colombia y Perú.
En el caso de Argentina, si bien no muestra un claro perfil antiimperialista (o sí, pero ambiguo), sí busca desde su gobierno actual, aumentar el rol intervencionista del Estado. El resultado es, hasta el momento, una economía llena de regulaciones y subsidios cruzados que crecen de manera incontrolable y con problemas de inversión en sectores claves como el energético, en un contexto económico totalmente favorable para el país: una situación inédita.
Según el ex vicecanciller argentino Andrés Cisneros, los gobiernos de varios países evidencian: “demostraciones de torpeza originadas en una concepción política que no se ha ejercitado en un trato normal y provechoso con el mundo”. Ejemplos de esta torpeza, se encuentran al por mayor especialmente en Bolivia, Venezuela y la Argentina, y en este último caso, con el actual conflicto entre el gobierno y el campo argentino que ya se ha transformado en histórico.
Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF): “No sorprendentemente flujos a países con desfavorable clima de inversión para inversores extranjeros -Argentina, Ecuador y Venezuela- permanecen anémicos”. Es por el desfavorable clima de inversiones que existen en estos países que uno puede entender el pobre flujo de inversiones con los actuales precios internacionales de los commodities agrícolas y la energía, que deberían generar grandes oportunidades en dichos países.
El artículo de Nejamkis rescata una interesante visión de Eduardo Viola, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad de Brasilia, que identifica el mayor problema de estos gobiernos en: “una visión que lleva a desaprovechar oportunidades al fragilizar fundamentos macroeconómicos y la seguridad jurídica”. Es que estos gobiernos: “contestan reglas fundamentales reinantes en los países prósperos, lo que los lleva al histrionismo y al voluntarismo verbal”. Este desafío de las leyes económicas, ha llevado a estos países a pretender frenar las presiones inflacionarias a través de los varias veces fracasados, controles de precios. Incluso ha hecho, como en el caso de Argentina, creer al gobierno, en su efectividad, al punto de distorsionar las estadísticas oficiales cuando sus resultados no confirmaban sus creencias.
El populismo de estos países que deriva en cambios inesperados en las reglas de juego, generando un muy mal en el ambiente de negocios. Paradójicamente, estos países poseen grandes necesidades de desarrollo de infraestructura por lo que necesitan del capital privado para satisfacerlo, como es el caso de Argentina en materia energética. Según Cisneros: “Para eso se necesita inversión de largo plazo y nadie invierte en lugares altamente imprevisibles”.
No es que el populismo es el problema que ahuyenta a los inversores, sino es el continuo cambio en las reglas de juego derivado del exceso de poder de los gobiernos lo que atenta contra la inversión. Pero el problema no sería tan grave si solamente afectara a la inversión extranjera, ya que al menos, la inversión local compensaría en parte la falta de capitales externos. Los actuales gobiernos populistas atentan contra la inversión en general, no solamente la extranjera sino también la local ya que producen un contexto de impredecibilidad e inestabilidad.
Incluso, me animaría a decir que estos gobiernos populistas, al generar una cierta inestabilidad en la región, atentan en parte, contra los flujos de inversiones al resto de los países de la región. Imagino a un inversor que quiere instalarse en Colombia…seguramente las constantes peleas generadas principalmente desde Venezuela, pueden ser un elemento que atente contra la decisión de invertir ante la posibilidad de que las tensiones se transformen en un problema mayor.
Si uno pretendiera hacer una evaluación preliminar de los países latinoamericanos, me animaría a decir que han demostrado el fracaso rotundo de las políticas populistas y el éxito de políticas más amigables con el mercado. Y en el mediano plazo, es probable que demuestren la insostenibilidad de las políticas populistas. Es que están demostrando su incapacidad en medio de un contexto de bonanza internacional para sus economías, generando problemas inflacionarios, distorsiones de precios, desincentivo de la inversión y, últimamente, incremento de la pobreza (aunque no lo muestren sus indicadores).
Si los gobiernos pretenden disminuir la pobreza, deberán entender que el mejor camino es a través de un contexto macroeconómico estable y predecible, amigable a la inversión, que a la larga es el factor generador de empleo sostenible. Así, se puede generar un círculo virtuoso entre inversión y crecimiento que disminuya los niveles de pobreza en los países latinoamericanos.
Nos encontraremos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo











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