¿Nace una nueva etapa en la banca latinoamericana?
Tantas crisis ha padecido el sistema financiero latinoamericano, que paradójicamente (o probablemente no), en una de las peores crisis financieras de la historia, se ha mantenido al margen, observando una saludable fortaleza. Sin dudas un éxito que merece ser reconocido y analizado en perspectiva para lo que viene.
Ricardo Marino, presidente de la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN), reconocía lo logrado por el sector bancario latinoamericano en un seminario realizado en Madrid: “Aprendimos mucho con las crisis de volatilidad del pasado y vemos que la banca hoy es parte de la solución y no del problema”.
Como cada vez que se alcanza un éxito, en la hora de los reconocimientos, los gobiernos latinoamericanos (en líneas generales ya que como siempre, existen excepciones), tienen un gran mérito.
La decisión de optar por políticas macroeconómicas más sanas es la mejor alternativa que pueden seguir los gobiernos para mantener la estabilidad de la economía y es la opción que esta vez han elegido casi todos los gobiernos latinoamericanos. Ello contrasta con la vieja tradición de buscar resultados inmediatos típico de décadas pasadas en donde la política económica terminaba generando graves daños en el mediano y largo plazo, encontrando su desenlace en una nueva situación de crisis.
La política monetaria ha hecho sin dudas su parte también y merece reconocimiento. La utilización de las metas de inflación en la mayor parte de las economías, ha dotado de mayor transparencia a la política monetaria. Las familias y empresas, y las entidades bancarias, lograron contar con una referencia clara de lo que podían esperar en materia inflacionaria y en base a esta mayor previsibilidad mejoraron la eficacia en sus decisiones de consumo e inversión, dos componentes que han aumentado al reducirse el ahorro precautorio derivado de la incertidumbre que genera el contexto.
Al esfuerzo realizado por los gobiernos se le ha sumado el buen comportamiento de las entidades bancarias que evitaron tomar riesgos excesivos. Claro que en este punto, también han jugado su papel los sistemas de regulación y supervisión bancaria. Por eso en la región no se registraron casos de quiebras de instituciones financieras ni entidades afectadas por los activos tóxicos en sus hojas de balances.
Para lograr alcanzar la situación actual para el sistema bancario latinoamericano, sin dudas no existen atajos y la banca latinoamericana ha dado los pasos precisos para su consolidación.
Por la salud de estas entidades bancarias, es que no tienen que atravesar por la etapa que están enfrentando las entidades bancarias de las economías desarrolladas (principalmente en Estados Unidos y Europa), de tener que sanear sus balances.
Y esta saludable situación de la banca les permite dedicarse a eso que les da la razón de ser que es generar intermediación financiera para apuntalar al crecimiento y desarrollo de las economías.
Según la información que recoge el Banco Central de la República Argentina, el crédito al sector privado asciende en Latinoamérica al 34% en términos del Producto Bruto Interno (PBI), mientras que dicho ratio en la Europa emergente es del 59%, en Asia emergente del 86% y en los países desarrollados alcanza al 131%.
El bajo nivel de crédito al sector privado en términos de PBI indica el potencial de crecimiento que el mismo tiende, y por ende, el potencial de expansión de la banca en Latinoamérica. El nivel de bancarización en la región sigue en aumento aunque aún resulta insuficiente. Por otra parte, la mejora en la situación social de los países latinoamericanos, que se consolidará luego de la crisis, aumentará la demanda de los productos bancarios.
El aumento del crédito en las economías latinoamericanas se desarrollará apoyado en el desarrollo de las economías y la ampliación de la demanda y la oferta crediticia. El crecimiento de la economía implica por lógica la necesidad de financiar la mayor actividad tanto por el lado del consumo como por el lado de la inversión. En cuanto a la ampliación crediticia, ello se refiere al surgimiento de nuevas líneas crediticias de largo plazo y adecuadas a las necesidades de la demanda (por ejemplo, con períodos de gracia para el financiamiento de inversiones).
Salvo que ocurra una catástrofe, las economías latinoamericanas entrarán luego de superar la crisis financiera internacional en un círculo virtuoso en donde el crecimiento de la intermediación se traduzca en mayor crecimiento y dicho mayor crecimiento fortalezcan el desarrollo de la intermediación financiera.
Pero la banca latinoamericana no solamente tiene en mente crecer puertas adentro incrementando el volumen de créditos y depósitos. La internacionalización de las entidades bancarias se encuentra dentro de su estrategia de expansión. Así como en la década del 90´ varias entidades europeas llegaban hacia la región estableciéndose en varios países latinoamericanos a la vez, ahora es cuando varias de las entidades de los países de la región buscarán expandirse, en primer lugar, dentro de Latinoamérica tal como lo ha hecho el ITAUUNIBANCO (BVSP:ITAU3; NYSE:ITU), y luego, por qué no, hacia tierras afuera de la región.
El sistema bancario latinoamericano aprendió muchas lecciones a lo largo de su historia. Con la crisis financiera internacional, existe la sensación de que ha finalizado una etapa en la banca latinoamericana en donde ha llevado adelante su consolidación. Ahora se inicia una etapa de crecimiento y expansión que probablemente la ubique al nivel de la banca de las economías desarrolladas en sus buenos tiempos.
Horacio Pozzo
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Soy Paola Pecora, editora de Latinforme.com y quiero decirle algo: como inversora y analista de mercados, me aferro a lo que creo y sigo mi propio análisis e investigación. Invierto profesionalmente desde 1990, y vengo ayudando a inversores como usted, desde 1996.
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Sembradores de Ideas (50 años) 5ª Temporada: Tiempos de Revolución. Rómulo López Navarro
Honduras y Haití encenderán el pebetero de la Revolución en la América Irredenta.
El Presidente Zelaya no tiene absolutamente nada que hacer en Costa Rica, debe regresar a Honduras de la manera que sea y en el menor tiempo posible a ponerse al frente del Pueblo que lo apoya para iniciar la Revolución en la América Irredenta
El 30% de la América Irredenta vive en pobreza extrema, en cada uno de los 33 países del Continente Americano, existe una escala de pobres que van en aumento desde el pobre de solemnidad hasta la depauperación. El hambre no tiene espera. A ellos les toca encender el pebetero de la verdadera revolución sin pedirle permiso absolutamente a nadie.
Cada problema tiene en sí mismo la semilla de su propia solución; los que comen bien, visten bien, duermen bien solo utilizarán a los pobres para sus propios provecho, la revolución no puede seguir siendo una simple revolución virtual, pura “verborrea”. Hechos son amores y no buenas razones.
Todas las Constituciones hechas en la América Irredenta son iguales, hechas con la misma horma, Por corrientes políticas de base liberales, es como si un “grupito” de liberales, léase “vivos”, le dijeran al pueblo “déjenme pensar por ustedes”.
La Constitución de los Estados Unidos o ley suprema de 1787 hecha en Filadelfia, Pensilvania por un “grupito de vivos” en nombre de «el Pueblo» (We the People). Crea en mala hora la demoniaca democracia representativa que luego es incorporada en todas las constituciones del Continente Americano, con los resultados que conocemos de las abismales disparidades del segmento social.
Esta “bendita” Constitución tiene un lugar central en el derecho y la cultura política continental. Se considera como la constitución más antigua que se encuentra en vigencia actualmente en el mundo. Hasta el punto que en Estados Unidos existen más ambrientos que en cualquier pais del mundo, si vamos a lo cuantitativo.
La única tabla de salvación que tienen los pobres, en este océano de calamidades, es la “revolución temprana”, “porque mientras más se demore más difícil es”, nos decía Al, Por ahora solo existen algunas pequeñas “candelitas” prendidas por todo el continente Americano, En Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua las mayores por estar más arraigadas a los pueblos, sin embargo son lideradas “todavía” por gente que come bien, vive bien, duerme que se parecen mucho a los de Filadelfia, han desviado el proceso hacia una revolución “virtual” de mucha “verborrea” y esto aleja las posibilidades de hacer una verdadera revolución; una revolución real y profunda, si es verdad que queremos salvar al planeta, capaz de barrer hacia adentro de cada ser humano, para sacar tanta suciedad, tanta porqueriza, que llevamos por dentro, es decir es necesario volver a nacer; nacer en revolución.
Borrar, todo el estamento legal de lo que se denomina “Estado de Derecho” que ha creado disparidades abismales en el segmento social casi insalvables y hacer nuevos postulados legales que incluyan los profundos sueños e ideales de los pueblos
Y por último Buscar, a los mejores, si es posible debajo de las piedras para que dirijan lo que haya que dirigir, lo que sea estrictamente necesario dirigir, porque el ciudadano o ciudadana en cualquier estrato social, cuando salga a la calle para su trabajo debe respirar “aire puro”, debe sentirse seguro y debe tener lo suficiente para vivir, para vivir bien.
Una Constitución para vivir. Para los iguales, primero debe eliminar antes que nada, actitudes y formas de gobiernos monárquicos y presidencialistas, con doctrinas prediseñadas sobre todo europeas y explorando formas colectivas de gobierno de amplia participación popular.
Estoy seguro que el pueblo “despertará” de su largo letargo y no seguirá oyendo voces de sirenas. El pueblo despertará y luego vendrá la verdadera revolución; no me extrañaría que empezara por Honduras o por Haití por ser pueblos que históricamente han demostrado mayor coraje.
Eso no lo va a parar absolutamente nadie. Las tres grandes pestes que deben eliminarse del Mundo por casualidad tiene el color “verde”: La Gripe Imperial, El Dólar Imperial y los “sapos verdes”, como les llamó Francisco Villa. Es un crimen poner ese nefasto uniforme verde “imperial” a niños para que estos asesinen a sus propios hermanos. Los ejércitos no deben servir tan solo para dar golpes de estados y masacrar al ser humano.
Estoy seguro que si a estos niños uniformados, una luz divina les ilumine dejarán sus uniformes sobre las piedras y se unirán a sus iguales para hacer la revolución que debe salir de las entrañas del pueblo. Para el Generalísimo Sebastián Francisco de Miranda el color de la revolución era el azul, como los inmensos mares por donde en busca de la libertad se movió. Aunque sea por un eufemismo la revolución debe cambiar el color verde oliva de las milicias para que no se vea a esos muchachos uniformados golpeando al pueblo como unos sapos verdes es decir como unos “gringo” y por el contrario deben ser como ángeles y arcángeles sirviendo al pueblo, el soberano.
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