La crisis del 2008 y los pronósticos para el 2009
En este último artículo del año creo que es oportuno realizar un balance de lo que ha sido este 2008 tan difícil para la economía mundial en donde la crisis subprime se ha generalizado y ha provocado graves daños en la economía real. Conjuntamente con el balance de lo que ha sido este 2008, quiero compartir con ustedes cuáles son las perspectivas que se abren para las economías latinoamericanas en el 2009 a la luz del actual contexto internacional.
La situación de la economía mundial para el final de este año, sin dudas que es radicalmente diferente a la que se pensaba que iba a ser al comienzo del mismo. En los inicios del 2008, la crisis subprime aparecía como un problema limitado a los Estados Unidos y con un cierto impacto en las economías europeas a través de la contaminación de su sistema financiero.
La palabra recesión no era considerada como una posibilidad para la economía estadounidense y mucho menos para las economías europeas. Es que la magnitud del daño que podía producir la crisis subprime estaba más que subestimada.
En el mundo emergente, hablábamos de un fenómeno nuevo que podía originarse en este contexto de crisis y que lo habíamos bautizado con el siguiente nombre: decoupling. Es que el fuerte ritmo de crecimiento que mantenían las economías emergentes (principalmente las asiáticas con China a la cabeza y las de Latinoamérica), alimentaban la esperanza de que dichas economías no se vieran afectadas por la crisis y que incluso su crecimiento pudiera compensar la caída en el producto de las economías desarrolladas.
La fortaleza de las economías emergentes y el bajo impacto esperado en la economía real de los países desarrollados, hacían que los precios de los commodities continuaran con su tendencia creciente durante la primera mitad del año y, ante el fuerte debilitamiento del dólar, dichas cotizaciones llegaron a alcanzar valores récord.
La principal amenaza para las economías era en la primera mitad del año, el tema inflacionario. Es que el alza en el precio de los commodities se traducía en mayores presiones inflacionarias externas a las economías nacionales que obligaba a una ineficaz política monetaria restrictiva por parte de los países.
Para las economías latinoamericanas, durante la primera mitad del año, preocupaba también la apreciación cambiaria que aparecía como el canal de transmisión de la crisis ya que al generar una pérdida de competitividad de dichas economías, debilitaba la demanda externa de las mismas.
La apreciación cambiaria era consecuencia de la política monetaria restrictiva combinada con la fortaleza de los fundamentos macroeconómicos de las economías latinoamericanas, que luego fue profundizada por el debilitamiento propio de la moneda estadounidense como consecuencia del impacto de la crisis sobre la economía norteamericana.
Pero el contexto económico mundial experimentó un giro brusco en la segunda mitad del año cuando la crisis financiera comenzó a reflejar su impacto negativo sobre la economía real en los países desarrollados y dejaba de ser un problema sólo de los mercados financieros.
A principios del mes de setiembre, con los primeros datos de crecimiento negativo de las economías y las pobres perspectivas de crecimiento de los meses siguientes, sumado a los nuevos episodios de crisis en el sistema financiero norteamericano que derivó en el mega plan de rescate por US$ 700.000 millones, se produjo una fuerte reversión en la tendencia de los valores de los activos financieros.
El valor del dólar se recuperó fuertemente frente al euro y la libra esterlina, mientras los Bancos Centrales de las principales economías profundizaban sus políticas de recortes de tasas de interés y los gobiernos lanzaban una batería de políticas fiscales expansivas para evitar que la crisis se profundizara.
El reconocimiento por parte de los mercados de la fuerte incidencia de la crisis financiera sobre la economía real provocó un desplome en el precio de los commodities. El caso testigo lo muestra el petróleo cuya cotización actual es menor a la tercera parte de aquella que registrara en su pico, de mediados de año (en dicho momento rozó los US$ 150 el barril, mientras que actualmente apenas supera los US$ 41 el barril).
De repente el contexto económico experimentó un cambio total y ya la cuestión inflacionaria dejaba de ser un problema. Dentro de todo el panorama negativo, este aspecto reducía el conflicto de los banqueros centrales que se debatían entre contener la inflación (provocada principalmente por factores externos) y estimular las economías.
Los acontecimientos que se fueron sucediendo a nivel global tuvieron un claro impacto en las economías latinoamericanas.
Para las economías latinoamericanas, el objetivo de política económica pasó de ser, el controlar la inflación y la apreciación cambiaria a evitar una fuerte caída del producto y una fuerte devaluación de la moneda.
Tal ha sido el deterioro sufrido por las economías latinoamericanas a consecuencia de la crisis internacional que las previsiones de crecimiento para la región en 2009 pasaron en poco tiempo desde un nivel superior al 4% a un estimado del 1,9%.
Con este contexto recesivo, la economía global finaliza el 2008 y se prepara para un 2009 muy duro pero con un mayor nivel de certeza: la recesión es el principal enemigo que deberán enfrentar conjuntamente con la dura tarea de reconstruir el sistema financiero internacional.
Y para las economías latinoamericanas, el contexto económico internacional parece clarificarse, y con ello, los desafíos que deberán enfrentar.
Veamos qué les espera a las economías de la región en relación a los principales aspectos económicos:
En lo referente a los precios de los commodities internacionales, el 2009 aparece con pocas dudas. La situación de recesión mundial mantendrá deprimido los precios de los commodities en general, los cuales podrán experimentar una recuperación para el último trimestre del año, junto con los primeros signos de recuperación de las economías desarrolladas.
La inflación no será un problema para la mayoría de las economías latinoamericanas (Venezuela parece ser una de las excepciones en este aspecto). La recesión global que seguirá impactando en las economías de la región provocando una contracción de la demanda interna y que ha afectado a los precios de los commodities, hará que las presiones inflacionarias se mantengan contenidas.
En materia de comercio exterior, los países latinoamericanos tendrán que estar listos para enfrentar una mayor competencia, en donde las devaluaciones competitivas tendrán poca efectividad en lograr recuperar los volúmenes de ventas al exterior.
La cuestión cambiaria también insinúa tener una tendencia definida para los países latinoamericanos. Las políticas monetarias más laxas que tendrán estos países junto con el debilitamiento de los fundamentos macroeconómicos, hacen pensar que los tipos de cambios en Latinoamérica se mantendrán en niveles similares a los actuales o con una tendencia hacia la depreciación.
La herramienta principal de las economías de la región para el 2009 será la política fiscal expansiva complementada con una política monetaria laxa. El foco de acción de los gobiernos latinoamericanos será la demanda interna en la cual apoyarán el crecimiento de sus economías.
Los gobiernos latinoamericanos seguirán muy de cerca la evolución de las importaciones. La recesión mundial genera el temor a una invasión de productos extranjeros que dañe a las industrias locales. Es por ello que los gobiernos buscarán evitar que esta situación tenga lugar, por lo que no sería de extrañar el surgimiento de diferentes medidas paraarancelarias.
Finaliza un año difícil para la economía mundial, pero está por comenzar otro que no aparece ser mucho mejor. Este año, en donde las variables económicas han experimentado un comportamiento casi impredecible (y sino, cómo han ido modificándose las proyecciones de los analistas del mercado en los que me incluyo), nos deja como enseñanza la importancia que tiene para la economía mundial una adecuada regulación y supervisión del sistema financiero internacional que evite que se puedan generar riesgos desmedidos que amenacen su estabilidad. ¿Podrán los líderes de las principales economías asimilar dicha enseñanza para evitar que se repitan en un futuro acontecimientos similares a los que actualmente padecemos?









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