A los argentinos les va peor que a la Argentina
- 220 rutas cortadas en el país
- No hay comercialización de granos
- Desabastecimiento de alimentos y combustibles
- Crecientes expectativas inflacionarias
- Bajan 24% las expectativas de los consumidores en relación al año pasado
- Se retrajo el consumo un 20%
- 52% de los argentinos ve mala la situación económica del país y 74% cree que los precios van a aumentar
- Aumento de la pobreza
- Caen las reservas internacionales del Banco Central
- Aumento del gasto público ahogado por los subsidios a los servicios públicos
- La deuda pública es mayor a la del default de 2001
- Suben las tasas de interés y se devalúa el dólar
- Fuga de depósitos bancarios
- Caída del salario real y disminución del consumo
- Incertidumbre financiera, económica, política…
La realidad de la Argentina, como venimos anunciando hace un tiempo en artículos anteriores, se supera negativamente cada semana. Una realidad que ha llevado al campo a un paro de más de tres meses, en que, cualquiera que esté mínimamente informado u opere granos, sabe a lo que me refiero: la crisis entre el campo y el gobierno, un conflicto que ya lleva más de 90 días “El Campo Hace Temblar a la Argentina” y que ha ubicado al país en una situación muy incómoda, desde consumidores, gobierno, empresarios, agropecuarios, inversores, no queda sector hoy en Argentina libre de malestar. Ya ni siquiera los turistas.
Para hacer un poco de memoria e investigar la raíz de este conflicto, recordemos que durante la época del gobierno de Menem, se quitaron las retenciones al campo. En 2002, se volvieron a implementar con un 10%, luego el gobierno de Kirchner las aumentó al 24%, luego al 35% y al 44% de hoy. Cuando se originó este aumento, el 11 de marzo, la razón desde el gobierno era evitar la “sojización”, es decir bajar las superficies cultivadas de soja e incrementar otras producciones, como leche, carne o trigo. Nos preguntamos por qué, siendo que la soja había aumentado más de un 100% en el año, que la Argentina es primer exportadora mundial de aceites y harinas de soja, y tercera de poroto, siguiendo a EEUU y Brasil.
Grande fue el pesar de todos aquéllos con un resto de memoria, cuando esta semana se anunciaba el “Plan de redistribución social”, que establece la creación de hospitales, viviendas y caminos rurales con los fondos de las retenciones a la soja. Nos hicimos esta vez dos nuevas preguntas: ¿había que esperar el conflicto con el campo para comenzar a construir hospitales, caminos y viviendas? ¿O se transformó en una medida política para enfrentar a la sociedad entre sí y presionar al campo para que finalice el conflicto y el gobierno legitime las subas en las retenciones? Y por otro lado, más que una pregunta una humillación: ¿Cuándo nos mintieron: antes cuando se hablaba de ‘sojización’ o ahora que se habla de “redistribución del ingreso”? Al menos quisiéramos saber cuándo.
No hay sector que no esté en apuros en el país, también los camioneros, que al verse perjudicados por los cortes de rutas, al no poder entregar mercaderías, se terminaron sumando al paro, generando desabastecimiento en gran parte del país.
Si le agregamos el colapso en los combustibles, con faltantes de nafta y gasoil, muy marcado en el interior del país, no sólo por los cortes sino fundamentalmente por una huelga que se dio en el sur, en la provincia de Santa Cruz de más de 30 días, y la paralización de la refinería más grande del país por 30 días por mantenimiento porque no daba abasto, llegamos a una baja del 20% en la producción de petróleo, y a un país cada vez más paralizado a medida que pasan las horas y el conflicto no se resuelve.
En el norte del país, en la provincia de Formosa, según el diario La Nación: “había más quejas porque algunos estacioneros les daban prioridad a los compradores paraguayos, que pagan hasta 6 y 7 pesos el litro.” Esa es la razón de la escasez de combustible en Argentina. Los países limítrofes pagan mucho más, porque en sus países el combustible es mucho más caro. Y esa es una de las causas por las cuales las petroleras no abastecen al mercado interno como debieran.
El barril de petróleo en el mercado interno argentino se paga alrededor de US$ 40. El petróleo que se importa, se paga US$ 136, tres veces más. No hay grandes alternativas: se lleva el petróleo interno al valor internacional obligando a la gente a pagar más, o se les cobra más impuestos, para que el gobierno pueda seguir subsidiando ese petróleo más barato.
Continúa La Nación: “En la provincia de Buenos Aires la situación se repetía en distintas localidades: en Bolívar, a 300 kilómetros de la Capital Federal, y con 30.000 habitantes, hay 12 estaciones de servicio. Desde el domingo pasado ninguna tiene nafta ni gasoil. En La Plata, en tanto, el 90% de las estaciones de servicio continuaban ayer sin combustibles. En Mar del Plata, mientras tanto, también había problemas de combustible, excepto en las estaciones de Shell, porque es más cara.
En San Juan la escasez de combustibles se profundizó y sólo se carga de a 30 pesos. En Jujuy, la municipalidad de San Salvador decretó ayer la emergencia del servicio público de pasajeros por la falta de gasoil. En Mendoza se vende gasoil sólo con cupos de 30 y 50 pesos, mientras que en Tucumán hay largas colas en las estaciones de la capital para cargar combustible, que muchas estaciones ya no tienen. En muchas zonas del interior, como Santa Fe, Tucumán, Santiago del Estero y Chaco, más del 50 por ciento del servicio está paralizado”.
Y sigue la falta y racionamiento en todas las provincias del país.
Un comunicado de la Unión Industrial Argentina (UIA) advirtió sobre “las consecuencias negativas que está generando la interrupción del transporte de materias primas, insumos y productos terminados por las rutas del país”.
“La incertidumbre respecto de la evolución de la situación argentina ha llegado entre los empresarios a niveles altísimos. ‘Es algo curioso, nadie en el máximo nivel de gobierno parece saber qué pasará en las próximas 12 horas’, dice un ejecutivo que solía tener buena llegada con la administración del matrimonio Kirchner”, según La Nación.
“La pérdida de la confianza ha sido enorme, la baja de depósitos bancarios y las fuertes compras de dólares muestran un límite al accionar de las autoridades, que de todas formas redoblan la apuesta vendiendo reservas y haciendo bajar el dólar porque no pueden hacer otra cosa”, señaló otro empresario al diario.
Según Ámbito Financiero: “Fue el propio titular de la Sociedad Rural, Luciano Miguens, quien describió el nudo del conflicto. ‘Lamentablemente lo que está esperando el productor para empezar a normalizar su comercialización, es una señal del gobierno en cuanto a ese 44% (de retenciones) que es totalmente confiscatorio”.
Tras que no sobran los culpables, el gobierno argentino maldice ahora a los chanchos; pero no a cualquier chancho.
“La soja no la creamos nosotros. Se hace para que los chinos les den de comer a los chanchos.” Alberto Fernández, jefe de Gabinete de la República Argentina.
De Hugo Caligaris para la Nación: “¿Se acuerdan de cuando nos decían que la soja salvaría a la humanidad, que era una fuente de proteínas y que se podía hacer de todo con soja, desde milanesas hasta jugos, queso, aceite, lomo a la Bismarck y pollo de soja al horno relleno con soja? Bueno, eran todas mentiras, un sucio truco urdido por la mafia internacional de chanchos chinos a efectos de convencernos de que dedicáramos nuestra tierra bonita, inagotable y generosa a la siembra y el cultivo del innoble poroto de soja, que es lo único que comen esos malditos chanchos.
Insidiosos y pérfidos, los chanchos fueron ganando terreno en nuestra nación, en un sentido alegórico, pero también en la acepción literal de estas palabras. Perfectamente camuflados y ocultos entre la población, disfrazados de cocineras, ingenieros agrónomos, chacareros oligárquicos y políticos cipayos, los chanchos chinos fueron acumulando kilómetros y más kilómetros de llanuras y valles con el fin de plantar soja y asegurar de ese modo la supervivencia de su especie asiática. “Nosotlos engañal algentinitos tontos. Vayan plepalando chiquelo pala el asado” , escribían esos falsos profetas de la soja disfrazados de gauchos a sus familiares en Pekín y Shanghai. Así lo hicieron durante muchos años, hasta que toda la patria de San Martín, de una punta a la otra, se vio ahogada en soja, sacrificada, en beneficio de unos pocos, a la sinarquía mundial de los chanchos.
Pero ¡tiemblen ahora, porcinos, porque ya se acabó lo que se daba! Nuestro gobierno, dispuesto a librar cuanta batalla haya que librar, está listo para darles pelea incluso a los chanchos. Las consignas serán: “¡Minga de soja para los chanchos chinos! ¡Si no les gusta, que le vayan a cantar a Grobocopatel!”.
Y como se suele decir, “la culpa no es el chancho sino de quien le da de comer”, llegamos a una fantástica asociación: el culpable del último conflicto en Argentina es China, el país que nos lleva el 20% de la cosecha de soja.
El gobierno sigue manteniendo que el reclamo inicial de los productores, el que originó este conflicto “es un tema cerrado”. No hay voluntad de dialogar. El gobierno juega a hacer política –y ver cómo desgasta al campo- cuando el campo pretende trabajar sin confiscaciones y tener la posibilidad de invertir más, y que el estado no se lleve 44% de retenciones a sus productos. Los grandes países agropecuarios subsidian a sus productores, en la Argentina se los ahoga con mayores impuestos.
De Angeli, titular de la Federación Agraria de la provincia de Entre Ríos, se preguntaba por qué el gobierno quería cambiar las cosas luego del 11 de marzo en que se aumentaron las retenciones al campo, si todo “andaba tan bien”, había baja desocupación, crecimiento, superávit comercial y fiscal.
Es que justamente, hay dificultades en mantener el superávit fiscal, por el fuerte aumento del gasto público a niveles récord, para alimentar subsidios y clientelismo político, que el aumento en las retenciones a la soja debería financiar.
Además, la deuda pública ha aumentado a niveles récord: US$ 114.700 millones (56% del PBI), que sumado a la deuda de los hold-outs, es decir quienes no ingresaron al canje de deuda en 2005, llegaría a US$ 170.000 millones (67% del PBI), frente a la deuda de US$ 144.200 millones (54% del PBI), en el default de 2001, según Martín Krause y Aldo Abram, directores del Centro de Investigaciones de Mercados e Instituciones Argentinas de la escuela de negocios de Eseade y que refleja el Financial Times en su edición de hoy.
La nueva “redistribución del ingreso” que se pretende instalar no es más que una apremiante necesidad de mayor caja para mantener disciplinada a la tropa política, que nadie en el país puede hoy negar. Ni siquiera el gobierno: el argumento de “sojización” quedó, de tan ridículo y falaz, sepultado en el olvido.
Como decía en “Por qué la Argentina no puede despegar”, el problema en Argentina es político. Argentina no tiene mayores problemas, el único muy grande que tiene, sí, es psicológico: la Argentina es la generadora de sus propias crisis. Es autodestructiva. ¿O es que a algún gobierno en la Tierra podría ocurrírsele no sólo matar a la gallina de los huevos de oro de su país, como es el sector agropecuario en Argentina, sino no solucionar un conflicto de más de 90 días que ya es sólo político y que se traduce en pérdidas de ingresos no sólo para todos los habitantes del país, sino también para el gobierno?. ¿Hay razón para auto flagelarse así? ¿Hay razón para mantener las exportaciones de productos agropecuarios cerradas cuando los precios de los cereales están operando internacionalmente en máximos históricos? ¿Hay razón para tirar cientos de miles de litros de leche, no sólo que podrían alimentar a argentinos carecientes, sino enviar al mundo donde ya se han originado revueltas por causas alimentarias y donde hay gran demanda de alimentos?
No somos Japón; la Argentina no tiene mayores problemas, nos sobran recursos naturales, y vivimos en una era de aumentadas expectativas de mayor demanda de recursos naturales: del agua, de los alimentos, de los combustibles, hay alguna otra razón más que la política para explicar ¿por qué la Argentina no está aprovechando este momento histórico de favorable coyuntura internacional y se está diluyendo en su propio e inexorable destino?
Los argentinos no queremos honrar al país en que nos ha tocado vivir. Pobre Argentina.
Hoy es viernes 13, que el próximo los pueda reencontrar con mejores noticias…
Hasta el viernes,
Paola Pecora
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Brasil y la Inflación: La Lucha Continúa…
Por Horacio Pozzo
En Brasil todo anda bien. Las buenas noticias abundan y todo es alegría… Bueno no, todo no… El fantasma inflacionario vuelve a asustar y tiene preocupado a un Lula a quien todo le había salido bien en este año.
Pero mientras todo iba bien, la economia crecía, la inflación también lo hacía y llegó con el alza del 0,79% en el mes de mayo, siendo este incremento para el mes el mayor registrado en los últimos 12 años. Ya en lo que ha transcurrido del 2008, la inflación minorista en Brasil acumula un alza del 2,88% y en la variación de los últimos 12 meses, el incremento de precios alcanza el 5,58 %.
Es verdad que todavía el nivel de inflación se mantiene dentro de las bandas de meta de inflación (bandas generosas de dos puntos porcentuales para ambos lados), pero está a menos de un punto porcentual de la banda superior y amenaza con acercarse más.
Para colmo de males esta inflación tiene como víctimas principales a los más pobres ya que los alimentos se mantuvieron en mayo como los principales responsables del incremento, con 1,95% de aumento (en los últimos 12 meses aumentaron un 6,4%).
¿Es un problema una inflación del 5,6%? Claro que si uno la mira en términos comparativos, si uno estuviera en Venezuela o Ecuador, seguramente envidiaría hasta en esto a los brasileros. Pero la verdad es que un alza de precios de estos niveles es como para tener bajo control, no porque genere un fuerte deterioro en los bolsillos de los brasileros (aunque sí los afecta), sino por el riesgo que ello implica de que la misma cobre vida propia a medida que los aumentos se multipliquen y que los trabajadores reclamen subas salariales, haciendo un círculo vicioso difícil de frenar.
¿Qué hará Brasil para frenar el alza en los precios?
En una situación similar, Argentina decidió limitar las exportaciones de alimentos (carnes, trigo, maíz, y la lista continúa). Claro que el resultado no fue el esperado sino muy diferente. Hoy Argentina tiene un problema más agravado de inflación del que tenía hace dos años con el agregado de que afectó en buena medida los ingresos por exportaciones, golpeó la actividad de los mismos, frenó inversiones en la economía toda y logró el reconocimiento de “país no confiable” gracias al cual, Argentina recibe menos dólares por su carne de la que recibe Uruguay.
Quizás, gracias a la experiencia argentina (también es válida la experiencia venezolana en materia de lucha contra la inflación), a Lula ni se le pase por la cabeza limitar las exportaciones de alimentos.
¡Justo Brasil!, que es uno de los mayores proveedores mundiales de alimentos. Justo cuando la producción está en continuo aumento debe enfrentar un agravamiento en el alza de los precios de los alimentos.
Tomando nota de esta situación, el Banco Central de Brasil, que mantiene un fuerte compromiso con la estabilidad de precios, y está claro en su accionar que su independencia está asegurada, está dispuesto a subir las tasas todo lo que sea necesario para evitar que los precios se descontrolen.
Como muestra de lo que dice, el Comité de Política Monetaria (Copom) del Banco de Brasil, votó la semana pasada por unanimidad subir la tasa de interés referencial, Selic, en 50 puntos básicos, a un 12,25 %.
Brasil está mostrando cómo combinar políticas de largo plazo con medidas coyunturales… ¿Cómo?
Esto lo aclarará un poco más: con la política monetaria, Brasil asegura controlar la inflación a través de los canales tradicionales que la pueden generar. Pero como ello impacta en el nivel de actividad y no resuelve el deterioro de los ingresos de los sectores sociales más afectados, es que desde el gobierno de Lula se planean medidas de asistencia a los más pobres, entre ellas aumentar el monto del programa Beca Familia, que atiende a unos 40 millones de brasileños a un costo de unos 11.000 millones de reales (alrededor de US$ 6.750 millones), lo que implicaría un incremento del 6% para cada beneficiario (aunque Lula pretende un poco más).
Pero además, como el tema del incremento en los precios de los alimentos parece que continuará por algunos años más, Lula tuvo una actitud no sólo precavida sino también demostró inteligencia para aprovechar las oportunidades.
Es por ello que Lula está lanzando políticas para fomentar una mayor producción de alimentos y de insumos necesarios para la producción tales como fertilizantes. Ya en el Programa de Desarrollo Industrial que les comentara en un artículo de un mes atrás “Nueva Política de Desarrollo Industrial en Brasil: Todo Fríamente Calculado por Lula”, el gobierno de Brasil había contemplado medidas para impulsar el crecimiento de la producción de alimentos.
Brasil viene haciendo las cosas bien y es por eso que hasta las malas noticias se toman con calma porque existe confianza de que los problemas en Brasil se solucionan de manera criteriosa y con visión estratégica.
Nos encontraremos nuevamente mañana,
Horacio Pozzo









No sólo es el financial times el que dice eso. yA lo han dicho otros medios (WALL STREET JOURNAL, THE ECONOMIST, NEW YORK TIMES,)
Con todo ello y otros datos elabore un post ANALISIS DE LA ECONOMIA ARGENTINA EN 5 MINUTOS..PUEDEN LEERLO Y CRITICARLO EN http://globofinanciero.blogspot.com/2008/06/analisis-completo-de-la-economia.html
saludos y hasta la proxima.
Por supuesto, que NO ES NUEVO. Nunca dijimos que lo fuera. Ya lo comentábamos en http://www.latinforme.com/articles/deuda-publica-argentina-superior-a-la-del-2001/485 ; hace más de 40 días que se viene hablando del tema.
Ilustré parte del artículo con esa nota del Financial Times que salió ayer.
Gracias por acercarnos la posibilidad de leer su artículo.
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“Compre cuando los precios están bajos y mantenga sus acciones… La gente parece no entender estos simples principios.No compran cuando los precios están bajos. Les temen a las ofertas.” J. Paul Getty
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